miércoles, 27 de enero de 2016

Biografía de un singular religioso de Mallén


            Durante el inventario de la Biblioteca de la Casa de San Gil que estamos realizando, hemos encontrado un librito de 74 páginas, titulado Biografía y retrato del M. R. F. F. Pascual Ibáñez de Santa Filomena, dedicado a enaltecer la gesta de este agustino recoleto, natural de Mallén, de cuya singular biografía ya nos hicimos eco en el Diccionario Biográfico publicado por el Centro, en 2005.

            El libro que estamos comentando, editado en 1851, fue llevado a cabo por iniciativa de D. José Lorente que lo dedicó al Excmo. Sr. D. José Rafael Fadrique Fernández de Híjar, duque de Híjar, como Patrono y Protector General de los Recoletos Agustinos Descalzos “de España, Indias y Filipinas” y, además de relatar la gesta del P. Ibáñez, dedica la segunda parte a la descripción de lo acaecido en la expedición a Joló de la que tomó parte.



D. José Lorente también mando imprimir dos litografías, realizadas por Marchi, en una de las cuales aparece representado el asalto a Joló y de la que hemos encontrado un ejemplar en el Palacio Real de Madrid. Está dedicada al duque de Híjar, al igual que el libro.




            En la otra aparece el retrato del P. Ibáñez y se reproduce en la publicación citada, donde se hace referencia a su nacimiento en Mallén (Aragón) el 25 de noviembre de 1821. Era hijo de Blas Ibáñez y de Alejandra de Sola que dio a luz a dos gemelos, uno de los cuales murió poco después de nacer. Pascual logró sobrevivir, convirtiéndose en el sexto hijo de esa modesta familia de agricultores.
            De débil constitución, pero con una clara inclinación al estudio y una firme vocación religiosa, no pudo cumplir sus deseos, debido a la supresión de muchos conventos, tras la Desamortización. Sin embargo, pudo comenzar sus estudios, bajo la dirección del P. fray Ramón Borruel, antiguo provincial de los franciscanos de Aragón, que era tío suyo y que, tras la exclaustración, residía en Mallén.
            Pero, los problemas económicos de la familia, obligaron a su padre a enviarlo a trabajar al campo, lo que no pudo soportar por su delicada salud, cayendo enfermo muy pronto. Entonces decidieron mandarlo a Tarazona, como aprendiz de la confitería Senac. Estando en esa ciudad tuvo conocimiento de la existencia del convento de agustinos de Monteagudo que había sobrevivido a la Desamortización, por su condición de colegio para la formación de misioneros con destino a Filipinas.
            Allí ingresó en 1844, tomando el nombre de Pascual Ibáñez de Santa Filomena y, tras ser ordenado sacerdote, fue enviado al lejano archipiélago filipino, como coadjutor de la parroquia de Zamboanga. El 14 de julio de 1847 embarcó en el puerto de Cádiz, llegando a su destino tras un duro viaje que, en aquellos momentos, era efectuado barajando el cabo de Buena Esperanza, ya que no estaba abierto el canal de Suez.



            Zamboanga es una ciudad situada en el extremo de una península que forma la isla de Mindanao, frente a la isla de Basilan. Allí existe todavía el fuerte levantado por España que lleva el nombre de “Pilar”.
Antes de llegar a su destino, la embarcación que le conducía fue atacada por un grupo de piratas que pudo ser rechazado con la ayuda de los pasajeros, sorprendiendo a todos el valor del P. Ibáñez en aquellos delicados momentos.
Era párroco de Zamboanga el P. Fernando Gotor de la Concepción, otro ilustre hijo de Mallén, localidad que como se resalta en la obra a la que hacemos referencia, fue con Atea la que más misioneros agustinos dio de todo Aragón.
En compañía de su paisano inició el P. Ibáñez sus actividades apostólicas, distinguiéndose por su entrega hacia los feligreses y por su excepcional comportamiento con los heridos que llegaron allí, tras la batalla de Balanguingui, librada por el Capitán General D. Narciso Clavería contra los rebeldes moros.



Se conocía con este nombre a los habitantes de Joló, una isla poblada por musulmanes, bajo la autoridad de un sultán que, procedente de Borneo, se había establecido allí, con la aquiescencia del mando español, con la condición de respetar su soberanía. Sin embargo, los problemas fueron constantes y los ataques piráticos emprendidos desde la isla se convirtieron en un grave problema para las poblaciones limítrofes y para la navegación por aquellas aguas.



            Dos de las expediciones emprendidas contra ellos fueron las protagonizadas por D. Juan Antonio de Urbiztondo y Eguia, marqués de la Solana y Gobernador de las Filipinas entre 1850 y 1853.
            En la segunda, llevada a cabo en 1851, participó el P. Ibáñez al frente de una compañía de 250 nativos bisayas a los que había encuadrado e instruido militarmente. Al frente de ellos, tomó parte activa en el asalto al fuerte Daniel, el 2 de marzo de ese año. Tras ser rechazado el primer ataque de las tropas españolas, el P. Ibáñez se dirigió a sus hombres con las siguientes palabras:
            Fieles bisayas: nuestros hermanos han sido repelidos una vez por los infieles; tanta resistencia exige todo nuestro ardor y esfuerzos. ¡A ellos! Y si me veis que muero, la victoria es segura; mi destino es morir por mi religión y mi patria; y el vuestro es vencer en nombre de Dios. Así lo presiento, bisayas.
            Inmediatamente, se lanzó contra el fuerte, logrando corona el muro por la brecha abierta y, mientras gritaba “¡Viva Jesús! ¡Viva la Reina!” cayó abatido por una bala enemiga, mientras el resto de la fuerza lograba conquistar la posición y, posteriormente, reducir a los rebeldes, regresando en triunfo a Manila.
            Así murió este singular mallenero, a los 29 años de edad. El Ayuntamiento de su villa natal tomo el acuerdo, el 14 de marzo de 1897, de honrar su memoria colocando su retrato en el Salón de Sesiones y dando su nombre a una de las calles de la población. La calle aún lo mantiene, tras diversas vicisitudes, pero el retrato fue retirado hace algunos años, así como el del P. Domingo Cabrejas.



            Sirva este artículo de homenaje a su figura, recordando que el “problema moro” en el marco del cual se produjo su fallecimiento, volvió a recrudecerse años después y para quienes puedan pensar que se trata de conflictos coloniales o del pasado, debemos recordar que en 2013, una facción del Frente Moro de Liberación Nacional, tomó la ciudad de Zamboanga, anexionándola a la autoproclamada República Bangsamoro, obligando a intervenir a las Fuerzas Armadas de Filipinas que, tras duros enfrentamientos, pudieron recuperar el control, aunque el cabecilla rebelde logró huir.

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