martes, 22 de diciembre de 2015

Libros recibidos 33


            Al finalizar cada año se acumulan los envíos de libros que, en el caso de los que nos ha remitido la Institución “Fernando el Católico”, con los últimos publicados, constituyen un número muy elevado. Daremos cuenta de ello en sucesivos artículos.

            Comenzamos con el editado, en colaboración con Gara d’Ediziones y Prensas Universitarias, con el nº 22 de la colección Ainas. Se trata de la obra Toponimia mayor de Aragón. Ciudades, villas, lugares, aldeas, ríos, montañas y territorios, del que es autor Pascual Miguel Ballestín. En él se recogen más de 1.700 nombres de lugar, con un elevado número de referencias a fuentes documentales. Es, por lo tanto, un instrumento de gran utilidad para conocer el origen de nuestras diferentes localidades y de los más destacados accidentes geográficos. El autor reúne las distintas etimologías propuestas por quienes han abordado la cuestión, con anterioridad, sin decantarse por ninguna de ellas. En algún caso, como el de Borja, hace referencia a etimologías descartadas como la de Belsinum, ya que hubo una época en la que se creyó que Borja era esa antigua ciudad celtibérica, actualmente relacionada con Mallén. Lo de Bursau se conoció más tarde, aunque autores de comienzos del siglo XIX, como García, todavía consideraban que era la misma población. Pero el hecho de que tan sólo para nuestro caso se aporten 38 referencias da idea de la magnitud del trabajo y de su importancia. 




            Ana Mateo Palacios es la autora del estudio y edición de Las vidas de los sanctos religiosos de Egipto que tradujo micer Gonzalo García de Santa María, un converso aragonés, y que fueron publicadas Pablo Hurus en Zaragoza, hacía 1488. Estamos ante un volumen de 978 páginas que ya ha merecido la atención de personas tan señaladas como el Prof. Fatás quien, recientemente, le dedicó un artículo en Heraldo de Aragón. No es para menos, pues el libro de lectura fascinante, aunque sólo fuera para tener noticia de la extravagante vida y las “rarezas” de estos santos varones y también santas mujeres que, durante los siglos III y IV, practicaron el eremitismo en Egipto y dieron origen a algunas órdenes monásticas. No es de extrañar que el Santo Oficio prohibiera su difusión, aunque en ello influyera el hecho de ser desconocido el autor de esta fascinante recopilación. Además de los correspondientes índices onomástico y toponímico, se ha incluido un glosario de términos de gran utilidad que facilita su comprensión. Es un libro que merece la pena leer y lo recomendamos, de manera especial, a los numerosos devotos que San Antonio abad tiene en nuestra ciudad.



            Otro libro recomendable es La vida fragmentada. Experiencias y tensiones cotidianas en Zaragoza (siglos XVII y XVIII), de Juan Postigo Vidal, en el que se narra de manera muy amena el devenir cotidiano de las diferentes clases sociales de una ciudad como la capital aragonesa que, en muchos aspectos, sería similar a las de otras localidades de la época. Por sus 372 páginas van desfilando desde los más humildes ciudadanos hasta las clases elevadas con sus problemas, sus costumbres y sus tensiones. Porque, entre las numerosas anécdotas que se refieren, ocupan un lugar destacado algunos crímenes con los que podría publicarse una obra similar a nuestros Crímenes ejemplares. Nada más que con el episodio del clérigo bilbilitano que, tras pedir prestado el ajuar de mesa de una distinguida dama zaragozana, con el pretexto de atender debidamente a un ilustre visitante, utilizó la plata para acuñar moneda falsa, terminando por enviar a sus secuaces a asesinar a la confiada prestataria, daría para escribir una novela. Otro personaje que aparece citado es la condesa de Castelflorit, Dª María Agustina, bien conocida por nuestros lectores, de la que detalla los objetos relacionados con el coche que utilizaba en sus desplazamientos. La única objeción que pondríamos al trabajo de Juan Postigo es el encabezamiento de uno de los epígrafes, dedicado a la devoción hacia determinadas imágenes religiosas. Titular  “La lógica de la adoración de las imágenes”, es incorrccto, pues por muy grande que fuera el fervor de aquellas personas, nunca “adorarían” las imágenes, sino que las “venerarían”. Hemos de decir en su descargo que no ha sido infrecuente en determinados lugares rotular que allí “se adora y besa” un objeto de devoción.



            Dentro de la colección “Fuentes Históricas Aragonesas”, Herminio Lafoz Rabaza nos ofrece un nuevo volumen de las Actas de la Junta Superior de Aragón y Castilla, en este caso las correspondientes al año 1812. No son muchas las referencias incluidas en ellas sobre nuestra zona. Sin embargo, en la introducción el autor señala que entre Cinco Villas, Navarra y Borja, operó durante los meses de enero a marzo de ese año el 10º regimiento de línea francés con un total de 2.078 hombres. También se cita la llegada de las fuerzas española de Durán a nuestra ciudad el 14 de octubre de 1812, poniendo sitio a los 57 hombres que componían la guarnición francesa en el fuerte de capuchinos, la cual terminó rindiéndose el día 16, tras la llegada de nuevos refuerzos españoles. 

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